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domingo, 28 de enero de 2024

La feria brilla en El Patio

Feriante, como panadero, como bombero...: FERIANTE. Un oficio como otro... Ese es el deseo de Concha, una de las veteranas feriantas que generosamente ha prestado su voz al armazón de este espectáculo, el quinto ya de El Patio Teatro. La compañía riojana dignifica al gremio en una pieza-homenaje donde rescata el ambiente de las antiguas barracas, las atracciones clásicas, las tómbolas, los puestos de tiro-pichón, el algodón de azúcar, las luces y el ruido... "Tienen más cuento que el tío de los caballicos", diría mi abuelo materno. Aunque esta vez el cuento no es ficción, sino documento: recoge las historias de trabajadores reales de las ferias mediante entrevistas grabadas, fotos de álbumes familiares, música popular de la época, con el habitual lenguaje de El Patio, entre lo poético y lo nostálgico, sostenido por la narración oral y objetual. Bajo la tesis de que todo el mundo tiene un vínculo con la feria, se asoman a la trastienda de quienes la hacen -e hicieron- posible, recorriendo a través de sus anécdotas algunos pasajes de la historia reciente de España.


Un momento del espectáculo Feriantes, de El Patio Teatro

Y es que ser feriante no es un oficio cualquiera, hace callo y se lleva a cuestas: es una forma de vida cada vez más amenazada por la precariedad y el desarraigo. Ellos trabajan cuando los demás se divierten, rulando sus atracciones de pueblo en pueblo en ese calendario azaroso de las fiestas patronales. La hambruna de la posguerra empujó a muchas familias españolas a echarse a los caminos para ganarse la vida, a montar una caseta, un cachivache... con lo poco que tuvieran.  De ahí que veamos tanta carretera en escena (ojalá también en gira). La idea de viaje, trashumancia o fugacidad está presente desde el inicio, y buena parte de la historia se desarrolla en cabinas de camión, remolques de juguete o el interior de una caravana. Uno de los cuadros más logrados de la función es el retrato de los distintos conductores cuya indumentaria cambia a la par que evoluciona el país (hitos sociales que se leen en toques como los adornos colgantes del espejo retrovisor -Naranjito, Cobi...-: ¡genialidad!) 

La coproducción propuesta por el CDN ha permitido a esta compañía abonada al pequeño formato engrandecerse literalmente en escena. No sólo por la oportunidad de crear un trasto escenográfico de mayor envergadura, sino por la ampliación del equipo. Izaskun Fernández dirige esta vez, y a Julián Sáenz-López se suman dos acertados fichajes: Alejandro López y Diego Solloa. Ambos actores, curtidos en más que tablas, aportan canciones en directo (de los Beatles a palos flamencos, saltando por entrañables temas de la Radio Orquesta Topolino), un ímpetu nuevo, y la grata habilidad de transmitir alegría.  


Un momento del espectáculo Feriantes, de El Patio Teatro

Con la viva voz como reclamo, anda jaleo, jaleo, y pasen y vean..., feriantes y titiriteros comparten caminos, vida ambulante, cercanía con el público, montaje y desmontaje. Todo es farándula y promete regocijo, aunque algunos crean que el teatro tiene más glamour. Una de las atracciones que la obra rememora es el Teatro Júpiter, un pabellón de autómatas que recorrió todo el país a mediados del siglo XX con gran éxito en las ferias, recientemente restaurado. Se anunciaba como Palacio de las maravillas del arte (no cabe más expectativa de ilusión en un título). Y es que "todos necesitamos un poco de fantasía para hacer la vida más amable". Tuvimos el honor de asistir a la función con algunos miembros de la familia Ducal, artífices del mítico teatro de marionetas. Su historia (como la de tantas otras estirpes de feriantes: los Romez, los Vila, los Zizines...) engarzada por varias generaciones, constituye una de las principales fuentes documentales de esta obra. No faltaron los guiños y los saludos cómplices al acabar.


Un momento del espectáculo Feriantes, de El Patio Teatro

Cada pieza que estrena El Patio es una declaración de amor al arte que profesan. Nos encanta  la humildad, el respeto y el entusiasmo con que se entregan a lo que tienen entre manos. Quizá este sea su espectáculo de mayor complejidad técnica por la exigencia rítmica y la profusión de utilería, recursos y transiciones. Más allá de los múltiples premios que atesoran desde sus inicios en 2010 o su participación en festivales de prestigio, su éxito se basa en ese boca-oreja agradecido que agota entradas cuando una función vale la pena de verdad. Con Feriantes sirven un capricho escénico que sabe a piscolabis y deja ganas de más, un collage de recuerdos de la infancia, un nuevo retablo de las maravillas que -con su ineludible dosis de idealismo-, no oculta las penurias de sus protagonistas.


viernes, 5 de mayo de 2023

Las Cotton de Anita Maravillas: los títeres arman la revolución

No se había visto aún en Madrid capital el último montaje del colectivo Anita Maravillas, Las Cotton, una coproducción con Portal 71 que, en sintonía con otras históricas compañías vascas de tradición comunitaria (Marie de Jong, Gorakada, Teatro Paraíso...), apuesta por el compromiso social con una trabajadísima pieza sobre la lucha obrera feminista que interpela a todos los públicos.
Premio al mejor espectáculo de títeres en la trigésima edición de FETEN y finalista a los Max en 2022, Las Cotton ha recalado en Espacio Abierto, el acogedor foro familiar de la Quinta de los Molinos que destila exquisiteces teatrales temporada tras temporada.
Próximamente hará otro alto en su gira para visitar el Centro del Títere de Alcorcón, donde se presentará a escolares. La obra es ideal para este tipo de campañas por las interesantes cuestiones que plantea, propicias para el debate y la reflexión colectiva. Se trata de un drama sin edulcorar, con momentos que estremecen incluso a los más duros, y de una singular belleza.

Un momento de Las Cotton. Fotografía de MarcosGpunto

Mujeres en primer plano


Una familia compuesta por una madre y sus dos hijas pequeñas, afectada por diversos peligros, decide migrar de su entorno rural al urbano a la búsqueda de mejor vida en plena época de expansión industrial. La pequeña Ari halla en cualquier parte ocasión para enredar; la mayor, June, tendrá que asumir responsabilidades desacordes con su edad cuando la madre consigue un puesto de trabajo en una fábrica textil. No hay presencia masculina; podríamos imaginar a un padre huido o llamado a filas, o quién sabe si alguna vez hubo padre. Desde las primeras escenas la propuesta nos sumerge en una historia de personajes femeninos cuya hondura psicológica epata tratándose de marionetas y máscaras neutras, en un recorrido que va de lo íntimo a lo político atravesando lo social.

En la génesis del proyecto, el afán de Miren Larrea por sacar a la luz valerosas historias de mujeres -ocultas por el tiempo y el relato imperante-, como la de las cigarreras de Bilbao a principios del siglo XX, que un día secuestraron a su patrón para conseguir que les concediera los derechos que ellas reclamaban, o las conserveras de pescado de Ondarroa, que aprovechaban los breves descansos para cuidar a sus hijos, o se las apañaban para trabajar con las criaturas alrededor. Las Cotton recoge el testigo de estas vivencias del mundo adulto y las acerca a los niños a través de un imaginario de cuento desde el que entender la realidad.

A pesar de la aparente sencillez del formato, tejido con elementos artesanales y solo dos intérpretes en escena multiplicando energías, la propuesta trasluce infinidad de capas de trabajo, lo que favorece diferentes lecturas. Los niños son cómplices de las dos hermanas, viven la aventura del traslado, la curiosidad por descubrir su nuevo entorno... Los adultos empatizan con la madre, una luchadora por la supervivencia familiar que sufre la precariedad laboral y acaba rebelándose contra la injusticia. Qué sensiblemente se muestra la doble faceta de las mujeres como obreras y cuidadoras, y las dificultades de la conciliación cuando además no hay ningún otro adulto cerca. La historia puede resultar amarga a los ojos de los mayores, pero es una entretenida peripecia para los niños.

Maren Basterretxea y Miren Larrea en un momento de Las Cotton.
Fotografía de MarcosGpunto

Títeres que respiran


Miren Larrea firma un guion depurado que no necesita texto; la artista plástica chilena Valentina Raposo es la responsable de la construcción de títeres y toda la parte estética, que se sirve de materiales naturales (lana, lino, algodón...) y apuesta por el trabajo manual.
Ambas ejecutan una secuencia de narrativa cinematográfica coreografiada con precisión milimétrica en distintos planos y escalas. Buen ejemplo de ello es el viaje en carreta, casi una road movie titiritera trepidante de acción. E incluso en las escenas que son puro divertimento -como cuando las niñas juegan con las telas o con la colocación de los objetos- no paran de ocurrir cosas.

Pero lo más sobresaliente es cómo las intérpretes clavan la animación, logrando que las emociones de los personajes traspasen plenas de matices. Impacta el momento en que la pequeña se mece en el columpio y parece volar tensionando sus músculos, o la realista agitación de la madre al proteger a sus hijas de las fieras nocturnas; perturbadora también la escena del accidente en la fábrica que interrumpe la cadena de trabajo de las operarias.


Maren Basterretxea y Miren Larrea en un momento de Las Cotton.
Fotografía de MarcosGpunto

Entre cantos, hilos y maderas


La música original de Fran Lasuen cobra muchísimo peso ya que apenas hay palabras y onomatopeyas en la dramaturgia. Así, las letras de las canciones -escritas por la versolari (poeta) Miren Amuriza- están cargadas de sentido. Se inspira en dos temas populares vascos, Las penas del lino, que las mujeres medievales coreaban cuando salían al campo para trabajar todas a un mismo ritmo, y la canción de La huelga, que narra cómo los herreros -aquí las tejedoras- se enfrentaron a sus patrones a principios del siglo XIX.
El jefe explotador tiene una larga escena musical de presentación, y cada una de sus apariciones son como pesadillas que asustan de verdad. Resultaría más cómico si la caricatura del tipo no fuera tan real.
Un afinado diseño de luces a cargo de Ion Chávez acompaña a este universo sonoro. Y en suma: todo un despliegue de recursos escénicos que acota la atención y admira por lo bien armado que está: transiciones ágiles, cambios de ubicación, divagaciones poéticas..., resueltas con un dinamismo y limpieza propios de engranaje. Bravo por la labor de dirección de Iván Alonso.

Maren Basterretxea y Miren Larrea en un momento de Las Cotton.
Fotografía de MarcosGpunto

El glorioso alzamiento feminista final remite a secuencias de otros títulos en los que hemos visto sindicarse a colectivos de mujeres, como la combativa película Sufragistas, o el musical Ladies Football Club de Sergio Peris-Mencheta. Porque la unión hace la fuerza, y aún queda mucho que luchar para dignificar el trabajo de las mujeres y lograr la igualdad de condiciones. También hay que contárselo a los chavales, y qué bien contado.
Muchas más maravillas esperamos de esta compañía a la que no hay que perder de vista. Ya está en el horno su próximo espectáculo, Andereño (La Maestra), una delicada fábula sobre la libertad y la pasión por enseñar que se entrenará en octubre en el Zornotza Aretoa de Amorebieta (Vizcaya).

Maren Basterretxea y Miren Larrea en un momento de Las Cotton.
Fotografía de MarcosGpunto

LAS COTTON

Producción: Anita Maravillas y Portal 71
Idea original: Miren Larrea
Dirección: Iván Alonso
Intérpretes: Miren Larrea, Valentina Raposo y Maren Basterretxea
Música original y versiones: Fran Lasuen
Letra canciones: Miren Amuriza
Diseño de iluminación: Ion Chávez
Escenografía: Iñaki Ziarrusta (Atx Teatroa)
Diseño de vestuario: Betitxe Saitua
Construcción de títeres: Valentina Raposo
Próximas Funciones: 8 y 9 de Mayo de 2023 a las 10 h. (Campaña escolar)
Lugar: Centro del Títere
Duración: 50 minutos
Edad recomendada: A partir de 6 años

martes, 8 de noviembre de 2022

Davel Puente, malabarista de emociones en Le Fumiste

No puedo evitar mi debilidad por los espectáculos de pequeño formato descolgados del circuito comercial en los que con pocos recursos, una idea buena y mucha creatividad, algunos artistas tocados por el duende logran enternecer hasta el rubor, conmover hasta las lágrimas, confraternar hasta la risa. Por ese mapa emocional nos lleva de la mano Davel Puente (actor madrileño afincado en Francia) con su compañía Don Davel. Curtido en teatro de calle y plazas circenses, le basta un minuto para atrapar la atención y meterse a la audiencia -literalmente- en el bote.

Es lo que ocurre en Le Fumiste, una obra que mezcla circo, magia, narración oral y teatro de objetos para hablar de cómo se construye la propia identidad a partir de los recuerdos. Lleva más de cinco años girando por escenarios de medio mundo y acumula un largo historial de éxitos y premios. Esta vez ha hecho parada en el auditorio de Espacio Abierto Quinta de los Molinos, integrada en el VI Festival Pendientes de un Hilo. La veterana compañía titiritera La Tartana, promotora del evento, convoca a profesionales nacionales y extranjeros que despliegan su arte con títeres y objetos por distintos espacios de Madrid. Esta edición ha contado con siete espectáculos para público familiar, además de encuentros, talleres o instalaciones. Ponemos el foco en Le Fumiste, una creación original de la compañía Don Davel que nos ha dejado enfrascados. 

Un momento de Le Fumiste. Fotografía de Lux Nieve

Davel Puente se inspira para esta función en un potente motivo: los recuerdos son de humo y no se pueden apresar. Para vencer lo efímero de la memoria y que sus recuerdos no se desvanezcan intenta conservarlos en botellas de cristal "porque el cristal, igual que el humo, se hace con fuego". La metáfora es sublime y a partir de ella nos adentramos en un mundo surrealista donde botes de diferentes tamaños y texturas se van transformando en una multitud de personajes-contenedores de historias pasadas. Nuestro anfitrión, solo en escena, acaba acompañadísimo por esos frascos animados que exhiben voluntad propia e ingenio hasta para bromearle. Los vemos de forma cristalina gracias al poder evocador de las palabras y a la destreza de su acción. El público abraza la peripecia sabiéndose depositario de íntimas confesiones en un ambiente mágico que lleva a conectar con los secretos propios. Así, desfilan recuerdos que se encienden, pasados que se esfuman, búsquedas iluminadas... Todos protagonizamos el frágil equilibrio de las primeras veces (subir una montaña, la primera carta de amor, el primer beso, o ese vestigio incómodo al que no se quiere volver pero que nos persigue), todos erramos en el ensayo de la vida, pero vale la pena agacharse mil veces a recoger la pelota de malabares que se cae para poder dominar el juego.

Un momento de Le Fumiste. Fotografía de Lucia Vinaschi


"Los abuelos tienen sobre todo pasado; los niños son futuro"

Con un empaque de cuento autoficcional en el que todo lo que relata parece verídico, Davel Puente hila números de circo (magistral el de la manipulación de sombreros) e ilusionismo con la comedia más payasa y momentos de primorosa poesía visual. Una de las escenas más afinadas y emotivas es la del encuentro entre sus abuelos en un tren, y cómo pasaron juntos las estaciones hasta el final de sus vidas.

Los abuelos tienen un papel crucial en esta función que les rinde homenaje. Los primeros recuerdos del creador parten de ellos y son las raíces de la obra. Cuando su abuelo (que fue gerente del Circo Price durante 30 años) le llevó a verlo por primera vez, la experiencia provocó en él tal fascinación que decidió que de mayor querría dedicarse a eso: ¡ser un payaso! De ahí la vocación por cuidar y preservar los recuerdos que nos hacen ser quienes somos hoy. El mensaje trasluce del modo más divertido, con un actor entregado a remover en el mismo tarro las risas de los niños y los mayores.

Un momento de Le Fumiste. Fotografía de Lux Nieve

El teatro de objetos y de marionetas atraviesa un momento de auge y explosión creativa. Cada vez más compañías investigan sobre esta disciplina y lo incorporan a sus propuestas, a la vez que aumenta el interés de los programadores, auspiciado por el buen funcionamiento entre el público. El lenguaje con objetos permite además internacionalizar el producto y traspasar fronteras. Don Davel se suma a esta tendencia y presenta en gira también su último trabajo, La increíble historia de Elzear Duquette, segunda parte de lo que será una trilogía. Puente invita aquí a un viaje sobre la fugacidad del tiempo donde explora el uso escénico de los relojes de arena. La pieza se configuró en una residencia de creación artística en el Topic de Tolosa. 

Próxima función de Le Fumiste: 15 de enero de 2023 en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Otoño en danza para toda la familia

Espacio Abierto y la sala Cuarta Pared han iniciado su temporada otoñal con interesantes propuestas de danza contemporánea para público infantil y familiar. Son dos de los centros de exhibición madrileños que más cuidan su oferta para este colectivo; el de la Quinta de los Molinos, porque lo lleva en su génesis desde su inauguración en julio de 2018. Hoy sigue siendo el único auditorio municipal con un calendario estable de artes escénicas de calidad orientado específicamente a niños y adolescentes. La Cuarta Pared alienta desde hace años su compromiso con los jóvenes públicos a través de su escuela, sus campañas escolares, y programando los fines de semana a compañías de nivel. La danza está siendo protagonista del nuevo curso en ambos escenarios. 

Espacio Abierto Quinta de los Molinos dio la bienvenida al otoño con Entre almendras anda el juego, un espectáculo itinerante por distintos rincones del parque, creación en exclusiva de la compañía Aracaladanza como fin de fiesta de la segunda edición de La Quinta cosecha, una jornada de actividades en torno a la recogida de la almendra. El 22 y 23 de octubre prosigue el ciclo de danza para bebés y primera infancia Bailas, ¿Baby? Esta vez asume el desafío el coreógrafo Jesús Rubio Gamo, tras las hermosas experiencias de la temporada anterior con Luz Arcas y Cesc Gelabert. 

Casi un año después de su estreno en Matadero, la compañía de Mónica Runde, 10&10, ha traído a la Cuarta Pared Vivo Vivaldi, un viaje a través de las estaciones con la guía musical del genial compositor veneciano. Además la sala acogerá a finales de mes Olor a tiempo, una obra enmarcada en la programación del XVII Festival Suma Flamenca, que integra flamenco y teatro para público de todas las edades. Sara Nieto, impulsora del proyecto, pone a bailar a algunos de los personajes de El Principito por bulerías, cañas o guajiras.

Si la expresión a través el movimiento es consustancial al ser humano; si bailar es una de las primeras artes que gozan los niños de forma espontánea, ¿por qué no invitarles más a menudo a ver, sentir, experimentar la danza?


Imagen de Entre almendras anda el juego

Entre almendras anda el juego, de Aracalandanza

Va camino de ser tradición: las familias se arremolinan en el jardín exterior que hay delante del palacete de la Quinta de los Molinos veinte minutos antes de que comience la aventura. Todos, pequeñas y mayores, vecinos y turistas, están invitados al baile. Una llamada de la anfitriona Al Mendra conduce al grupo por un sendero hasta el lugar secreto donde se halla una de las joyas del histórico parque madrileño: su campo de almendros. Allí asistimos a una representación estilizada y bellísima del rito de la recolección; corros de bailarines varean los árboles y acarrean espuertas llenas con el fruto que simboliza la despedida del verano y el inicio del ciclo otoñal. Al término, los niños se apresuran a recoger las almendras que quedan en la tierra y aprenden a abrirlas a pedradas, feliz aperitivo de buena mañana.


Imagen de Entre almendras anda el juego


El entorno natural es plaza, escenario y cuerpo de esta pieza itinerante concebida por la prestigiosa compañía Aracaladanza (Premio Nacional de Teatro para la Infancia y la Juventud 2010 y múltiples premios MAX y FETEN), infalible sello de rigor y excelencia a las riendas de Enrique Cabrera.
No es la primera vez que se baila o se actúa en este bosque. En la edición anterior fueron Chevy Muraday y Losdedae quienes sembraron y recogieron los frutos, y el verano de 2021 las Alicias buscan Maravillas de Lucía Miranda también jugaron allí al escondite.
Este tipo de propuestas al aire libre son un acierto, y cada vez más, también, un éxito de convocatoria. De un día para otro se corre la voz y la comitiva que atraviesa el parque ávida de sorpresas se vuelve multitudinaria. El público participa del recorrido como un actor más en un ambiente lúdico y festivo que trasciende el concepto de teatro de calle. Cuando además se habla en lenguaje gestual y simbólico, la experiencia adquiere cierto aire de ensueño.
 
¿Qué está pasando?
¿Adónde vamos ahora? 
¡Mira, mira ahí...! 

El trayecto continúa y de pronto, en un recodo del camino, ¡oh!, un quinteto de cuerda interpretando clásicos populares. Más arriba, en otro rellano, unos elegantes gigantes sin rostro acaban perdiendo la cabeza a ritmo de swing. Bordeando una curva nos topamos con unos paseadores alternativos, entre otras ironías visuales (ángeles rojos, hadas negras...) hasta llegar a la pista final donde converge la memoria de los juegos infantiles, los de vara, comba, y pasos en retahíla. Quien quiera ser niño puede unirse a los artistas y hacer turno para saltar, culminando entre todos la creación colectiva.


Imagen de Entre almendras anda el juego


Entre tanto trasiego quizá se escape algún fragmento o no pillemos el mejor hueco para verlo, pero aquí no sólo importa el visionado; la experiencia es inmersiva y se completa por la ilusión de la ruta en sí. Formar parte de ello es ya el espectáculo. Y tal vez, de improviso, descubramos a un bebé bailando entusiasmado al son de Vivaldi, o la alegría de una anciana vecina del barrio que se ha sumado curiosa a la comparsa durante su paseo cotidiano por el parque. 
Lo mejor es que habrá otra oportunidad de disfrutarlos pronto: Aracaladanza volverá a finales de febrero, con la floración de los almendros, a presentar La Quinta en flor. Y de nuevo la danza anunciará la primavera.

Vivo Vivaldi, de 10&10

Del paso de las estaciones, de celebración y música barroca va también este espectáculo, Vivo Vivaldi, donde un equipo de nueve bailarines traza puentes sensoriales entre las emociones que volcó el compositor italiano en sus celebérrima obra, y la mirada actual. Con más de treinta años de carrera, la compañía 10&10, ahora comandada por un tridente excepcional de creadoras (Mónica Runde, Elisa Sanz e Inés Narváez) se atreve por primera vez con un infantil. Pero en realidad no es tal, sino una propuesta abierta que pretende acercarse -por distintos recovecos- a un amplio arco de edades. Lo han mostrado en octubre en la Cuarta Pared, el lugar donde hace años se fraguó la complicidad entre las tres. Y con el aliciente de que ellas también bailan.


Imagen de Vivo Vivaldi. Fotografía de José Alberto Puertas

Vivo Vivaldi es un divertimento coral que mezcla disciplinas como la danza, el teatro de sombras o la vídeo-escena, trasladándonos a un universo de fantasía y componiendo imágenes que parecen cuadros. Propone un viaje por las estaciones que empieza en el invierno (la oscuridad, los temores) y acaba con la explosión de luz y alegría de la primavera. A veces son los peques quienes tienen que explicar esta inversión temporal a los adultos; los elementos referenciales de cada período son claros y reconocibles para los niños, que se dejan llevar sin más prejuicio que el asombro y las ganas de jugar. "Una de las anclas del proyecto era la necesidad de hacer llegar nuestros códigos a los públicos que normalmente no acceden a ellos", apunta Narváez. "Creemos que una sociedad capaz de emocionarse junta es capaz de comunicarse mejor".

Imagen de Vivo Vivaldi. Fotografía de José Alberto Puertas

La comunicación es intergeneracional y recíproca entre la escena y el patio de butacas y no faltan los toques de humor. Complacen la libertad y la intuición con que los actores habitan el espacio y se moldean en conjunto y en soledad. Por lo imaginativo y prolífico, llama la atención el vestuario -como no podía ser menos estando Elisa Sanz en tablas y en bambalinas-, con guiños a la propia infancia de los intérpretes. Hay misteriosas siluetas con capa y máscaras venecianas que se deslizan en volandas, polisones combinados con prendas náuticas, faldas que son flores, flores que serán humo. Funciona la apuesta por el papel como elemento plástico esencial: crea marcos, alfombras y volúmenes, sirve de telón, de vestido, y hasta de efecto sonoro.

La selección musical que inspira la coreografía bebe sobre todo de Las cuatro estaciones de Vivaldi, pero deja de lado los temas más trillados de la obra. Como un trasunto del propio autor, Mónica Runde, alma mater de la compañía, toma la batuta, mueve las cuerdas, y orquesta momentos de apoteosis.


Imagen de Vivo Vivaldi. Fotografía de José Alberto Puertas


Próxima función: 30 de abril en el Laboratorio de las Artes de de Valladolid (LAVA)


miércoles, 21 de abril de 2021

NIYAR - A paper tale: Un poema visual envuelto en papel de regalo

Lo que vimos el pasado fin de semana en Espacio Abierto Quinta de los Molinos no sabemos aún si era una pieza teatral o una ensoñación. NIYAR - A paper tale, se apareció ante los ojos como un poema tridimensional, un libro deconstruido, una suerte de pop up informe que despega la imaginación usando el papel como material escénico. Todo es levedad y encanto en un primoroso ejercicio de papiroflexia donde los bordes de la realidad se difuminan.

La directora de Espacio Abierto, Beatriz de Torres, no ceja en su empeño de rescatar preciados tesoros y descubrirlos para las familias de Madrid, y ha vuelto a traer a este auditorio a la artista de origen judío Maayan Iungman, formada en Berlín y residente en Burdeos. Profesional de distintas ramas del arte escénico (escenografía, actuación, títeres...), ha ido inclinando su carrera hacia el teatro objetual. Empezó a jugar con el papel, curiosa por explorar sus límites. De esa investigación nacieron unas marionetas sin rostro ni color y la sustancia de una historia abierta, sin palabras, que se hace única en la mirada de cada espectador que la contempla.

Un momento del espectáculo NIYAR. A paper tale

Maayan Iungman es un hada fabuladora que condensa la belleza y el misterio de las musas griegas. Sus manos son como varitas mágicas que hicieran cosquillas con toques suaves. Se enfrenta a la página en blanco sobre un montículo de hojas arrugadas, nostálgico vertedero de todas las historias que no fueron: tachones, ideas desechadas por la propia autocensura, borrón y cuenta nueva. El papel, tan pobre, contiene paradójicamente la esencia del reciclaje, las infinitas posibilidades de la creación. El hada aún tirará una cuantas bolas hasta encontrar el primer brote del cuento, pero la espera merece la pena. Lo que ella siente -sus anhelos, frustraciones, su ánimo cambiante...- lo irá trasladando afuera mientras se muestra desnuda, toda piel envuelta en un vestido de pliegos sin planchar.

Un momento del espectáculo NIYAR. A paper tale

En un espacio pequeño de ambiente intimista asistimos al alumbramiento de un personaje que quizá fue lámina, pero ahora, recortado y solo, busca un compañero o compañera de camino... Es exigente y no le vale cualquiera, pero afortunadamente existen los milagros. Como una extensión de Maayan, arropadas por delicadas melodías, figuras inciertas se deslizan gráciles entre un paisaje de capas y sobrecapas por levantar. Sin saber bien cómo, se ha desplegado un mundo de ecos surrealistas que desafía la consistencia de nuestras creencias.

El estatismo de la actriz se compensa con la movilidad del decorado, donde siempre aguarda otra sorpresa: de la mesa de manipulación surge un vergel, una flor que baila (¿o era una seta?); de su cielo descienden nubes, el sol, un corazón (¿o era un huevo?) Y lluvia de confeti, soplidos de talco, leves pases de página con luz intraescénica. Fantasía blanca apenas manchada por el detalle de una flor tintada en vino. Nos queda la curiosidad de ver cómo funcionaría la proyección de colores en tanta superficie clara. 

Un momento del espectáculo NIYAR. A paper tale

La ilusión pende aquí -literalmente- de un hilo. Como un mago de Oz oculto tras la caja negra, el técnico auxiliar, Philipp Rückriem, facilita los asombros. Al fondo de la sala, una señora musita: "¡Mira!, una lámpara", y oímos a una niña contestarle: "¡No, abuela, son pájaros-luciérnaga!". Una nueva y enternecedora visión del retablo de las maravillas.

En su último trabajo, Boxes, Maayan Iungman sustituye el papel por otro material inusual: las cajas de cartón. Quizá, con suerte, podamos pronto adentrarnos en ellas.

Un momento del espectáculo NIYAR. A paper tale

NIYAR - A paper tale

Creación e interpretación: Maayan Iungman
Segundo titiritero y técnico: Philipp Rückriem
Diseño de música y sonido: Thomas Moked
Diseño de iluminación: Anna Lienert
Vestuario: Chantal Kirch
Género: Teatro de objetos y marionetas de papel
Lugar: Auditorio del Espacio Abierto Quinta de los Molinos
Duración: 40 minutos
Edad recomendada: A partir de 5 años

martes, 20 de abril de 2021

Ikimilikiliklik (Mi pequeña), de Marie de Jongh: el cuento de una bruja buena que conjuró sus miedos

"La humanidad siempre ha tenido miedo de las mujeres que vuelan.
Ya sea por brujas o por libres"  (Jacub Rozalsky) 

Pronunciemos juntos el conjuro: ¡Ikimilikiliklik! Si se dice bien a la primera, los niños que fuimos vendrán al presente, y los niños que son se quedan para siempre. El último montaje de la reconocida compañía vasca Marie de Jongh, (Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud 2018), es un cuento engarzado de otros cuentos sobre cómo nos enfrentamos a nuestros miedos y sobre la necesidad del afecto. Inocente y fantástico aquelarre que convoca a niñas, niños, adultos y bichos por el poder de la superación.

Un momento de la obra Ikimilikiliklik, Foto de Pio Ortiz de Pinedo

Vimos Ikimilikiliklik (Mi pequeña) al cierre de Teatralia, en una función que lució esplendorosa en los Teatros de el Canal, en esa Sala Verde tan idónea para contar una historia de brujas. Es la primera vez que Marie de Jongh presenta una propuesta no gestual, lo que supone un importante reto para la actriz principal, Ana Meabe, en su primer papel con texto desde el nacimiento de la compañía -allá por 2008- según nos apuntaba el director, Jokin Oregi, con quien tuvimos ocasión de charlar un rato a la salida. La fundadora de MdJ lo defiende con la templanza que da la madurez y el entusiasmo de quien no ha dejado de jugar en todo este tiempo.

En escena, una mujer acompañada de la niña que fue, lo cual ya descoloca y engancha. Martirio se presenta como la confluencia entre el mar y el río, transmutando el matiz negativo a otro plano de significación. Ya no parece un nombre de bruja. Como una especie de Pandora, deja escapar sus miedos, una confesión de fobias (a la oscuridad, a los accidentes, a los dolores de tripa, de muelas, a la desprotección...) que a cualquiera nos toca. A lo largo de la obra veremos cómo muchos de los miedos que tenemos en la infancia nos acompañan a veces hasta que somos mayores, cómo los superamos, e incluso qué podemos aprender de ellos. Revivirlos, mirarlos de cerca, y así trascenderlos, hasta que la muerte dé risa. Para alcanzar esa catarsis, Martirio se desdobla en dos edades, adulta y niña, trayendo al presente a su yo del pasado, interaccionando ambas a la vez. Privilegios que brinda el teatro.

Un momento de la obra Ikimilikiliklik, Foto de Pio Ortiz de Pinedo

La propuesta entronca con la tradición oral de las leyendas y los cuentacuentos tan propia del norte de España. Recuerdos, cantos y fabulaciones urden y dan sustento a la trama principal. Todo un corpus narrativo calibrado con justas dosis de acción y teatralidad. Se deshilan historias como la de la tía Vicenta, que llegó a enfrentarse con el mar para proteger a su padre pescador; oímos ecos del monstruo del lago; descubrimos lo que ocurrió cuando la pequeña Martirio robó a un vendedor ambulante una pócima quitamiedos; el caso de los bichos prendidos en la punta de la nariz (momento clownesco de lo más cómico), y de cómo una pequeña araña creció y creció hasta convertirse en su mejor amiga. 

Martirio es una mujer poco corriente y acabará señalada por los habitantes del pueblo. Se ha corrido la voz de que es una bruja, e incluso un día la sorprende en su casucha un cazador con intención asesina. La obra trata de desmontar prejuicios, del sinsentido de juzgar a las personas sin conocerlas de verdad, y de cómo muchas veces la forma de derribar esas ideas preconcebidas es sencillamente escuchar sus historias. El beso de un niño romperá la maldición de la soledad y el aislamiento de la presunta bruja y la hará comprender que el amor es el mejor antídoto ante cualquiera de los males que nos acechan.

Un momento de la obra Ikimilikiliklik, Foto de Pio Ortiz de Pinedo

Las tres actrices se entregan valerosas al ritual. Ana Meabe compone un personaje con poso y entraña. Su escoba no vuela, pero no obstante, esta bruja buena se eleva en una irreverente letanía de empoderamiento en la que exhala flatulencias ante las críticas de quienes la rechazan. Amets Ibarra es una Martirio-niña resuelta, atípica, y sin exceso de candor. Maitane Sarralde borda literalmente su araña. Esta bailarina de contemporáneo y virtuosa acróbata ofrece durante toda la obra un trabajo físico sensacional. Afanada en una danza aérea con la que teje su tela en el armazón de la cabaña (trasto fundamental de la escenografía), despliega una estilización de movimientos que impacta y embelesa.

Ikimilikiliklik (Mi pequeña) se alzó en 2020 con el Premio FETEN al mejor espacio escénico. Y efectivamente, la concepción espacial y el lenguaje plástico son dos de sus principales atractivos. Hilos de lana gruesa y estructuras de metal simulan una red gigante en la que se van quedando atrapados los temores. Afinados diseños de iluminación y espacio sonoro dialogan para evocar una atmósfera mágica..., como en la escena del salvamento en el lago, o el singularísimo ruido de las patas de la araña al caminar. Y en fin, un muestrario de elementos alusivos al mundo de la hechicería: humo, tormenta, caldero de pócimas, invocaciones lunares... A todo ello se suma el sugestivo vestuario confeccionado con retales, transparencias, telas superpuestas y prendas abullonadas. En general toda la estética del montaje encaja en su original eclecticismo.

Un momento de la obra Ikimilikiliklik,
Foto de Pio Ortiz de Pinedo

Llegamos al final del cuento y la protagonista se sale en una agradecida apelación a nuestra niña interior. Momentazo cargado de emotividad, de los de agarrarse a la butaca entre lágrimas saltadas. Formidable función, excelentemente conducida, en la que pequeños y mayores se encontrarán disfrutando de lo mismo, como en las verbenas de pueblo. 
Con el lema "teatro de adultos para niños y teatro de niños para adultos" por bandera, Marie de Jongh se ha convertido en una institución en el panorama de la artes escénicas para todos los públicos, y mientras varios de sus multipremiados espectáculos siguen girando (Amour, Izar...), ensayan ya el próximo: AMA, orientado esta vez a espectadores a partir de doce años, donde retoman el trabajo con máscaras. Tiene previsto su estreno el 26 de febrero de 2022 en Barakaldo.

 

IKIMILIKILIKLIK (Mi pequeña)

Producción: Compañía Marie de Jongh
Autoría y dirección: Jokin Oregi
Intérpretes: Ana Meabe, Amets Ibarra y Maitane Sarralde
Diseño de escenografía: Ikerne Giménez
Diseño de vestuario: Rosa Solé
Diseño de atrezo: Javi Tirado
Creación musical: Adrián García de los Ojos
Diseño de iluminación y dirección técnica: Javi Kandela
Diseño gráfico: Ane Pikaza
Próximas Funciones:
28 de mayo en Mostra de Igualada (Barcelona)
5 de junio en Arenas de San Pedro (Ávila)
13 de junio en Soraluze-Placencia de Las Armas (Gipuzkoa)
20 de junio en Burgos
Duración: 50 minutos
Edad recomendada: A partir de 8 años

miércoles, 24 de marzo de 2021

VIDA, de Javier Aranda: una obra de arte del pulgar al meñique

Comenzaremos por el final: en una mesa negra acaban desparramados un revoltijo de retales de tela y lana, diversas piezas de atrezzo, instrumentos musicales de pega..., la trampa y el cartón. Y es que no hay más. Y no hay menos: realidad tan evidente como la magia. Vida es una producción de modestos mimbres, pero riquísima en originalidad, imaginación y franqueza. Cabe apenas en un canasto de costura (ése con el que el creador jugaba de niño, según nos desvela),  en una maleta, y logra que el corazón se ensanche. Una vez más, lo artesanal -y casi lo rústico- supera rotundamente cualquier alarde de medios. Con el recurso esencial de sus manos, el titiritero zaragozano Javier Aranda desnuda en Vida  la hondura existencial de toda la humanidad.

Un momento del espectáculo Vida, de Javier Aranda. Foto de Hugo Falcón

Llevábamos años persiguiendo esta obra que fue Premio FETEN al mejor espectáculo de pequeño formato en 2018, y por fin la pescamos, cuando se ha acercado un poquito al centro de Madrid: en la vallecana sala del Centro Cultural Pilar Miró, como una de las golosinas del festival Teatralia. Asistimos con fruición al devenir de una pareja de títeres de mano desde su nacimiento hasta la muerte, pasando por las distintas etapas de la vida: infancia, adolescencia, enamoramiento, paternidad, madurez. En los resquicios de estos lugares comunes es donde funciona la historia, porque lo que se cuenta es de verdad, y nos toca a todos por algún lado: pequeños, medianos, mayores. Increíbles requiebros de muñeca abundan con humor en el implacable paso del tiempo. Desternillante provocación ante la que no cabe la impasibilidad.

Un momento del espectáculo Vida, de Javier Aranda. Foto de Hugo Falcón

El hallazgo del globo para insuflar vida y altura no puede ser ni más tierno, ni más brillante. Con unas prótesis anulares Javier Aranda bosqueja narices, hendiduras de ojos y pezuñas para concebir unos personajes grotescos, singularísimos, de trazo expresionista, que se comunican con sonidos guturales y onomatopeyas, primero, en el descubrimiento de su propia identidad; después, en la relación con su semejante, con su creador, con nosotros, voyeurs perplejos. Aunque poco a poco irán emitiendo algunas palabras o frases hechas, de las de no dar puntada sin hilo, provocando la algarabía del auditorio. La partitura de voces y movimientos alcanza su cénit cuando coinciden tres personajes en escena y no hay manos auxiliares para manejarlos. Imaginamos al actor horas y horas frente al espejo ensayando cada mueca, giro, salto de sus monigotes para perfilar un trabajo de creación de personajes apabullante, partiendo de la absoluta nada.

Un momento del espectáculo Vida, de Javier Aranda. Foto de Hugo Falcón

Demiurgo cómplice de sus criaturas, aquí el titiritero no trata de esconderse, sino que participa de sus cuitas, inquietudes y frustraciones. La dulce condescendencia con que les mira, les susurra, les anima... es la de un padre con sus hijos en sus primeros tropiezos vitales. Asombra que utilice sus propias limitaciones a su favor, introduciéndolas en la trama. No importa si en algún momento se advierte el artificio o se rompe alguna convención; la dificultad de lo que se trae entre manos es obvia y forma parte del juego en el que ya hemos entrado de cabeza.

Vívida y fresca, da la sensación de que la propia función ha ido creciendo y se ha hecho a sí misma; quizá empezara de una forma y haya ido evolucionando con los años al contacto con el público... Y así, los títeres abren paso a las sombras, el ilusionismo, a los juegos de luz. Surge el deseo de asomarnos a la dramaturgia para diseccionar cada detalle de la trama, de que haya un bis o un segundo visionado, porque el prodigio sabe a poco.

Un momento del espectáculo Vida, de Javier Aranda. Foto de Hugo Falcón

Vida entreteje además un homenaje al oficio teatral, tanto por la vocación interpretativa de la protagonista femenina, como por los guiños al clown y a la tradición italiana de títeres de cachiporra, con un descalabrado ukelele como arma.

En este momento de sobreestimulación de imágenes y palabrería vana, parece difícil que una propuesta gestual tan sencilla pueda sorprendernos de verdad. Vida no sólo lo consigue, sino que es una de esas experiencias teatrales que no se olvidan. La exhibición de talento es brutal; la sucesión de genialidades de principio a fin es tal, que sólo cabe avisar: si descubren esta obra en cartel, vayan a verla, no duden. Henchida ovación final con público en pie, entusiasmado ante una función redonda, incontestable, que dará lustre a cualquier programación por méritos propios.

VIDA

Producción: Compañía Javier Aranda
Dirección: Javier Aranda con asesoría de Alfonso Pablo y Pedro Rebollo
Interpretación, diseño de escenografía, iluminación y sonido: Javier Aranda
Género: Teatro de títeres y objetos
Lugar: Escuela Navarra de Teatro (Pamplona)
Funciones:
17 y 18 abril a las 19 h.
Duración: 55 minutos
Edad recomendada: A partir de 9 años

sábado, 20 de marzo de 2021

Marián Osácar, en el trigésimo aniversario de FETEN: "Los creadores son los verdaderos motores del avance que ha habido en el teatro para niños y niñas en estos 30 años"

Directora de FETEN y facilitadora omnipresente 

Hace poco más de un año que viajábamos a FETEN, la Feria Internacional de Artes Escénicas para Niñas y Niños de Gijón, una de las experiencias más gratificantes y arrolladoras que nos regaló el 2020 pre-pandemia. Este año, en el 30 aniversario del festival, la cita se traslada del 9 al 14 de mayo con la esperanza de mejores tiempos, y adaptándose a nuevos formatos y reducción de aforos.

Con un puntito de nostalgia y la ilusión de honrar el Día Mundial de las Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud, le propongo un rato de charla a Marián Osácar, directora de FETEN, casi disculpándome por robarle tiempo en estos momentos en que anda inmersa en los preparativos de esta atípica edición, con el cúmulo de dificultades extra de gestión que conlleva la actual situación. "Para estas cosas se saca hueco. Hay que estar", señala. 

Marián siempre está. Y esa máxima vital quizá sea el mantra que la ha acompañado durante su trayectoria profesional. Cercana, optimista, aglutinadora..., lleva toda su vida trabajando en distintas facetas del oficio teatral, aunque ahora esté centrada en la dirección artística del festival. Se aventura y se presta a lo que le propongan, y ha sabido también transmitir esa accesibilidad a su equipo.

La pillamos en la cocina de FETEN, más que metida en harina, con el diseño de la feria prácticamente horneado. Hablamos de cómo va a ser la edición de 2021, de las cesiones a la virtualidad, de la 'marca FETEN', del espíritu crítico de los niños, de la incongruencia entre el auge del sector y su mínima repercusión en los medios.


Un febrero sin FETEN

La primera cuestión es obligada: ¿cómo se ha vivido este febrero en Gijón sin FETEN? Supongo que habrá sido extraño, ya que la ciudad entera se vuelca con la feria…, y entiendo que el aplazamiento de esta edición a mayo respondía a esperar que la situación epidemiológica estuviera algo más controlada para esa fecha…

Sí, la verdad es que ha sido diferente. En Gijón el mes de febrero está vinculado tanto al Carnaval, como a FETEN, y han sido dos eventos que no se han podido realizar, ya que las circunstancias son las que son. Planteamos el cambio de fechas allá por octubre, con la idea de que en mayo todo estaría más normalizado, y bien es verdad que las cosas no han ido tan deprisa a nivel de recuperación como habíamos previsto.

¿Cómo se vislumbra mayo desde la perspectiva actual?

Estamos a la espera de cómo vayan los datos. Hemos presentado nuestro diseño de FETEN a la Consejería de Sanidad del Principado de Asturias, y tenemos que esperar a que nos dé el ok, ya que FETEN es una programación extraordinaria, y nos tienen que autorizar. Seguimos trabajando y avanzando, porque toda la logística de un macroevento como éste, que implica a muchísimos participantes -tanto a nivel profesional como de la ciudad- no se puede improvisar en un mes, así que estamos adelantando lo posible, todo condicionado a esa aprobación que esperemos que llegue. Hemos partido del escenario más restrictivo posible, para poder llegar a hacerlo. 

¿Cuáles son los retos principales a los que se está enfrentando la Organización en la edición de FETEN 2021?

FETEN tiene una estructura que nos sirve de base y que cada año tratamos de ir mejorando. En estos momentos la estructura es distinta, y requiere imaginación al servicio de dar una alternativa a la situación actual. Hemos trabajado en un diseño que respete todos los protocolos de reducción de aforos, control de espacios, perimetrajes, medidas de rastreo... para que todo esté adecuado a lo que estamos viviendo en este momento.

Monumento a Pelayo Plaza del Marqués (Gijón)

El plan de 2021: formato híbrido presencial y virtual

En este contexto de incertidumbre entiendo que se apurarán los plazos al límite, pero ¿qué nos puedes avanzar sobre la programación?, ¿cuándo está previsto que se haga pública?

La programación de 2021 está ya ahí en la cocina... Va a ser pública a primeros de abril, pero estamos reteniendo los plazos por avanzar en la logística. En abril va a empezar toda la fase de divulgación del programa y de apertura de plazos para que los profesionales puedan venir.

Después de ir superando en cada nueva edición las cifras de la anterior, ¿se va a reducir la oferta?

Evidentemente la situación nos va a hacer tener un FETEN especial en todos los sentidos. Queremos que 2021 sea una edición que mantenga su esencia, y sí, se va a reducir a nivel de números.

¿Se va a intentar posibilitar el máximo de actividades presenciales?, ¿o se está trabajando en fórmulas mixtas que combinen la exhibición presencial y on line?

El volumen presencial en FETEN 2021 se va a ver mermado. Estamos trabajando en un formato mixto, híbrido, donde haya presencialidad, y también un FETEN virtual, para poder conjugar las dos opciones, y suplir las carencias de no poder abordar un FETEN normal, con una edición on line que nos permita llegar a todos aquellos que no puedan visitarnos. Vamos a tratar de dar más peso al FETEN virtual, funciones en streaming, actividades paralelas, y que se pueda disfrutar de FETEN sin estar presencialmente aquí. Va a haber una parte de invitados, y va a haber otra parte de acreditados on line.

Dado que las artes escénicas son artes vivas y cobran sentido especialmente en el encuentro con el público en el mismo espacio y tiempo..., ¿cuál es tu sentir por tener que renunciar a parte de la presencialidad?

Yo soy optimista. Comentábamos en COFAE [la Coordinadora de Ferias de Artes Escénicas del Estado Español] -donde nos hemos unido como una piña-, que con todo esto hemos tenido que aprender a utilizar mecanismos y vehículos de comunicación distintos con nuestros públicos. Y habrá un poso de ese aprendizaje que se quedará, -que no está mal-, porque hay cosas que se pueden seguir utilizando. Pero la presencialidad es el sentido de las artes escénicas, por eso hemos tratado de mantener ya en este FETEN presencialidad lo suficientemente importante para que haya una programación interesante. 

¿Los espectáculos de calle se van a poder realizar, o por las aglomeraciones no se contemplan para esta edición? 

Estamos trabajando en una posibilidad muy limitada de espectáculos de calle, por que tengan cierta visibilidad, pero está todo en el aire. Los aforos en los espacios cerrados son más controlables; en la calle, aunque existan medidas, es más difícil mantener los protocolos.

Un momento del espectáculo de calle Tea Time


30 Aniversario: la madurez del teatro para niñas y niños

Este año se cumple el 30 aniversario de FETEN. Se puede decir que alcanza su madurez. ¿Había previsto algún acto especial para celebrar la efeméride que no se va a poder llevar a cabo?

Como sabes, la edición del año pasado fue la última feria que se hizo en condiciones normales, de manera que en ningún momento nos dio tiempo a querer planificar una celebración especial. Lo afrontamos con la misma ilusión, y si es necesario, celebraremos FETEN 2022 con todas las ganas, o una edición '30+1' o '30bis'. El criterio del equipo es seguir aportando todo aquello que podamos a nuestra profesión y a la ciudad de Gijón. Nuestro mejor regalo de cumpleaños siempre ha sido hacer cada día las cosas un poquito mejor. 

En los últimos años ha habido un auge de las compañías que ponen su atención en el público infantil; ha aumentado la oferta y la interdisciplinariedad. ¿Cómo ha llegado Gijón a convertirse en el epicentro de las artes escénicas para la infancia y la juventud en nuestro país?

El objetivo primero fue puramente profesional por parte de aquellas asociaciones y personas implicados, a quienes quiero reconocer su trabajo y esfuerzo desde aquí. Y luego fue creciendo con las artes escénicas para los niños y niñas. Hemos ido caminando al lado. Si tenemos alguna virtud, es haber sabido crecer con el sector y haber sido capaces de dar oportunidad a lo que los creadores iban proponiendo; ellos son los verdaderos motores del avance que ha habido en el teatro para niños y niñas en estos 30 años. Su inquietud, sus ganas de investigar, su riesgo creativo, su esfuerzo por buscar un posicionamiento en igualdad a las compañías que se dedican a las artes escénica para adultos... En eso sí que se ha avanzado; queda camino que recorrer, sobre todo, en el tema de la equiparación de cachés. Pero respecto a la producción, el rigor, la calidad, la apuesta tanto personal como económica de las compañías, es más arriesgado muchas veces lo que se produce para las familias, que para los adultos. En nuestro caso, siempre es la creatividad, la singularidad, lo que hace que una compañía tenga una prolongación de su trabajo a lo largo de los años.

Niños interactuando con artistas de calle en FETEN 2020

Obras con Premio FETEN: un 'algo' especial...

Que una obra sea Premio FETEN es ya una marca registrada garantía de calidad que abre puertas en los circuitos de programación. Aparte de la búsqueda de la excelencia, que haya una representación equitativa del mayor número de comunidades, y la diversidad de lenguajes, ¿qué otros criterios se tienen en cuenta para que una propuesta sea seleccionada para participar en FETEN?

Siempre tiene que haber un algo especial. Tiene que haber obras de todos los formatos, porque nos visitan programadores que tienen espacios pequeños, medianos, bibliotecas, grandes auditorios... Las técnicas tienen que estar representadas con la idea de mestizaje. Y por otro lado, las diferentes edades. Desde hace muchos años las compañías, desde la concepción del espectáculo se plantean que trabajan para la familias, tanto para los niños, como para los adultos que les acompañan. Saben que tienen diferentes ojos mirándoles. Que la propuesta englobe a nivel creativo a todos los posibles espectadores, es algo importante. Y en lo temático, que traslade alguna de las inquietudes que a nivel social llegan a nuestros pequeños y a nuestras familias. Esa es ya una característica de las compañías profesionales en las artes escénicas para niños y niñas. 

¿Qué ingredientes debe tener una obra para que de verdad interese, llegue, mueva a los espectadores más jóvenes?

La idea es transmitirles sensaciones y emociones. Estamos educando en la inteligencia emocional, y es algo que nos une a todos: cuando eres espectador, lo ideal no es ver un espectáculo, sino vivir una experiencia que te toque en algún punto de tu sensibilidad. Y cuando eso funciona, salimos con la sensación de que hemos crecido un poquito más, que hemos sumado algo a nuestro día a día. Eso, trasladado a los niños, es lo mismo.

Ya no hay temas tabú

Se observa una tendencia a abordar temas crudos que tradicionalmente estaban vetados a la infancia. ¿Crees que se trata de una moda, es atrevimiento, o se trata de una evolución acorde con las necesidades de la sociedad?

Es algo que viene de atrás. Ya en 2005, Títeres de María Parrato, que fue Premio FETEN, planteaba la muerte de una abuela-cuidadora, y el niño, que era un títere, terminaba admitiendo la necesidad de la muerte como un elemento de la vida. Todo lo que entra en FETEN tiene ese sello. No quiere decir que no haya divertimento, que no haya placer, que no haya sonrisa o carcajada. Lo que ocurre es que el teatro siempre ha tenido un signo de plantear conflictos humanos y sociales, y nuestros niños los tienen: el bullying, el maltrato, la hiperactividad, la enfermedad del alzheimer, la diversidad del amor, la identidad personal, la reivindicación del rol de la mujer..., hasta el cuestionamiento de si existe o no Dios. Durante todos estos años hemos tenido obras en FETEN que han planteado este tipo de conflictos sin problema, tratados con la sensibilidad y el rigor necesarios. Aquello que antes era una anécdota, en este momento es la normalidad. Y están para quedarse, e irán cambiando en función de las situaciones sociales que plantee la vida. Pero el niño es un ser inteligente y hay que tratarlo de esa manera. 

Vistas desde el Paseo marítimo de Gijón

La influencia de la pandemia 

La pandemia ha supuesto un duro varapalo para el sector de las artes escénicas. ¿En qué medida crees que ha influido en el tipo de propuestas que presentan las compañías a nivel temático, formal, creativo…?

A nivel creativo, la situación de las compañías de artes escénicas -como todo el sector de la cultura- es muy débil, y una crisis sanitaria así, que nos debe preocupar a todos, tiene también unas secuelas a nivel de estructuras económicas. Evidentemente influye sobre qué hacer, si mover los espectáculos ya montados...; hay propuestas de estrenos que están aplazándose en función de los calendarios, de si los teatros abren o no... El reto que tenemos como sector de artes escénicas es intentar que esto, una vez que pase, no deje secuelas importantes. Que las estructuras, las programaciones, las campañas... vuelvan a recuperar su "normalidad", y retomar el impulso de llegar a nuestros públicos en vivo y en directo. Eso va a tardar un tiempo. En cuanto a lo temático, a lo mejor vemos la influencia más claramente de cara a FETEN 2022. Creo que estamos todavía en shock, no se ha hecho la reflexión de asimilación para luego abordar la creación. Hay proyectos de estreno que van en esa línea, pero que aún no están plasmados en una producción. En cualquier caso -y no tanto por la oportunidad del tema-, la idea de la soledad del ser humano, de la necesidad del otro, de la comunicación... siempre ha estado presente, porque es un básico de la humanidad.

Museo Nicanor Piñole de Gijón

Los niños, protagonistas


¿Qué te aportan los niños que tienes cerca, en tu entorno, en tu visión como gestora?

Yo tengo seis nietos; fui abuela joven. Los niños en general son motores muy potentes, son los que hacen no pararte en tu día a día. Hay que seguir, con ilusión y proyección de futuro. Aprendo mucho con ellos. Siempre he creído que he tenido una mirada muy abierta..., ¡hasta he hecho un TikTok personal con mi nieta de 12 años! Trato de ver a través de sus ojos. Te provocan, te estimulan, te hacen replantearte tus propios conceptos..., me parecen una fuente de inspiración. Y de cara a FETEN, siempre he querido que esa mirada fresca que me proyectan los niños de mi entorno se vea reflejada en los programas. 

El 20 de marzo se celebra el Día Mundial del Teatro para Niños y Jóvenes. ¿Por qué hay que animar a los adultos a llevarles al teatro?

El teatro provoca experiencias emocionales y da herramientas para educar en la capacidad crítica de nuestros niños a la hora de relacionarse con sus iguales y con sus mayores, para desenvolverse en su vida. Creo que si una madre, un abuelo, un tío... piensa eso, sale corriendo a ver qué propuestas pueden ser susceptibles de llevar a sus pequeños.

Tengo entendido que en FETEN se organiza también un Premio en el que los niños espectadores de los espectáculos se convierten en críticos..., ¿qué tal funciona esta iniciativa?

Funciona muy bien, la actividad tiene ya más de quince años. Queríamos testar cómo nuestros niños veían FETEN, tanto en abierto, como la comunidad escolar. Queríamos que tuvieran herramientas de crítica, que nos dijeran cómo habían visto a los actores, la puesta en escena, el vestuario, la música... Y hay una respuesta interesantísima; es muy divertido y muy formativo para nosotros. Los menores de seis años lo hacen a través de dibujos, y de seis a doce lo hacen a través de escritos. Es muy emotivo, porque ¡hemos visto crecer a nuestros premiados...! Supone un estímulo para ellos y da mucho juego en las aulas.

Logo de FETEN


Escasa repercusión mediática para un sector en auge

Mamá Teatriz es un blog que trata de cubrir el vacío que existe en la información crítica para público familiar, ¿qué opinión te merece la atención que la prensa cultural tradicional dedica habitualmente a este sector, a nivel de difusión, crítica…?

Pues la repercusión mediática en la prensa cultural es muy poca, y no refleja la realidad que hay en este momento respecto a los públicos que asisten y participan en los eventos de artes escénicas. Creo que es un error por su parte, ya que ha aumentado significativamente el número de propuestas familiares y de espectadores de esta parte del arco, (deberían consultar los anuarios de la SGAE) No ser conscientes de esto y no visibilizarlo para sus posibles lectores u oyentes es un error mediático, porque el sector ha crecido, además sin apoyos. El déficit debe plantearse como reivindicación del trabajo de las compañías por derecho propio, pero también por cubrir un espectro que debería ser obligatorio, ya que es un público potencial que los medios no están teniendo en cuenta. Es un criterio que creo que compartimos casi todos los que trabajamos en este ámbito. Son muy pocas las referencias, las ediciones que tienen un hueco -no ya habitual, sino excepcional- para las artes escénicas para familias. Tendrán que ponerse las pilas y revisarlo.


BIO

Marián Osácar es Jefa del departamento de Promoción de las Artes de la Fundación de cultura del Ayuntamiento de Gijón desde 2004, donde coordina el área de Artes Escénicas, Musicales y Visuales.
Es directora artística de FETEN, vocal de la junta directiva de COFAE, y vocal del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música. Además es miembro de la Academia de las Artes Escénicas de España.